viernes, 1 de enero de 2010

LA ÚLTIMA CARTA

Esta historia, tan llena de mentiras, está complicándome la vida hasta un punto que no puedes ni imaginar. Es una cuesta arriba que, cada vez que la miro, hace que me duela el cuello y me cueste dormir cada noche. ¿Tu culpa? No lo sé. ¿La mía? Seguro que sí. No sólo te permití la entrada, sino que te la acomodé con una alfombra hasta el dintel de la puerta para que no te fuese incómoda la llegada después de tanto vaivén y ahora no sé si me arrepiento de haberlo hecho. Es increíble que después de todo este tiempo, sea yo quien se pregunte qué fue lo que falló entre nosotros para que tú emprendas esa huida cobarde de quien se niega a sentir por miedo a darse cuenta de que está vivo. Respiras, eso está más que claro y comprobado pero ¿estás viva? ¿Sientes ese cosquilleo que me recorre el cuerpo a mí cuando suena el teléfono y aparece tu nombre en la pantalla? Si es así… ¿por qué reniegas de él? ¿A qué le temes? Sólo tú lo sabes y sólo tú puedes ponerle remedio. En tus manos está sentir y no hacerte preguntas o cerrar los ojos para fingir un corazón ciego y pasar más de una noche en vela pensando en lo que hubiese sido y no fue por ti. Por mi parte, todo bien. Aquí sigo, dándome cuenta de que mis propósitos son inútiles cuando están relacionados contigo. El ridículo es tan grande que, después de mucho tiempo intentando arrancarte de mi mente he llegado a la conclusión de que es imposible. Y lo es, no porque no pueda hacerlo si me lo propongo. Lo es, sencillamente, porque cuando te abrí la puerta para que pasaras, no abrí las puertas de mi mente. Abrí las puertas de mi alma. Ahora, noche tras noche, me sigo debatiendo en este mar de dudas y sigo investigando para encontrar la forma de arrancarte de mí y conseguir que no me duelas tanto. Aunque, si te soy sincero, no sé si quiero olvidarte.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

CRECIMIENTO

Crecer y cumplir años, pese a lo que muchos piensan, no es malo. Simplemente es un proceso que se da y que hay que asimilarlo como tal, con sus cosas buenas y sus cosas malas. No es ningún problema siempre y cuando se crezca con unas palabras como referencia: aceptación y consecuencia. Aceptación para ser consciente, poco a poco, de que las reglas están establecidas y no podemos cambiarlas ni manejarlas a tu antojo. La vida no es una partida de parchís que uno juega solo, haciendo trampas cuando nadie nos ve, comiendo fichas de manera fraudulenta y saltándose puentes aprovechando que nadie puede recriminarnos nuestros actos. Consecuencia para tener claro que cada acto, con sus repercusiones, debemos aceptarlo tal cual viene y tal cual termina, con sus cosas buenas y sus cosas malas. No podemos vivir culpando al resto de nuestros males, utilizando a quienes pasan por nuestra vida como escudos humanos que reciban todas las flechas que escupimos cuando las cosas no nos han salido bien. Si crecemos y nos hacemos mayorcitos, debemos hacerlo con todo lo que ello supone. Porque después de un tiempo, me he dado cuenta de que no hay nada peor que dejar las cosas a medias. Un acto inconcluso, tarde o temprano volverá para abofetearnos con la mano de la realidad, pidiéndonos que rindamos las cuentas y paguemos lo debido por haber huido en su momento. Una conversación inconclusa, nos alejará de la realidad y nos hará construirnos un mundo paralelo al real desde lo que no dijimos y no, como debería ser, desde lo que dijimos. De nada sirve cumplir años y recibir regalos si luego, la parte más importante, la de madurar y plantarle cara a lo malo que tiene la vida, murió cuando teníamos siete años y nos escondemos, como hicimos bajo las faldas de mamá o los brazos de papá, tras excusas baratas y absurdas. Te llegó la hora de crecer… hace mucho tiempo aunque aún no lo sabes.

sábado, 5 de diciembre de 2009

EXTRAÑO SENTIMIENTO

¿Se puede echar de menos algo que nunca se ha tenido? ¿Es posible extrañar unos labios que nunca se han probado? ¿Dónde se encuentran las respuestas a las preguntas que nunca se han podido contestar y que en cambio nos hemos hecho en multitud de ocasiones? Yo, en cambio, te sigo extrañando como si hubieses existido, como si hubieses estado a mi lado siendo algo más que la ilusión de un futuro incierto, como si hubiese una historia que contar, una tarde a recordar en la que la confabulación de los astros jugó a mi favor.

¿Fuiste cierta aunque no pasaras del intento? ¿Con qué aparato se calibran los sentimientos y la locura que generaron? ¿Qué hacemos ahora con los sentimientos furtivos y los besos en grado de tentativa que dibujaron nuestros labios en mi mente?

No me queda más que el recuerdo de lo que no fue y que nunca sabré, salvo catástrofe. Aunque reniegues de todo aquello, siempre estará ahí. Puedes matar todos los recuerdos en tu mente, pero yo también estoy imputado. Y para matar los sentimientos del todo tendrías que matarme a mí. Y sé que en el fondo no quieres matarme. A lo mejor habrás deseado en algún momento que nunca hubiese aparecido, o que el destino no me hubiese cruzado en tu camino. Pero matarme, jamás.

Eres el sueño de siempre, la chica de nunca y, por mucho que no hayas existido, te llevaré guardada en el lado izquierdo hasta el final. Ahí donde reposan los buenos recuerdos de la infancia, el primer beso y el primero de los besos que nunca te di, tienes tu sitio. Y sólo depende de ti el tamaño de ese sitio que ya es grande y que puede convertirse en inmenso. Porque no es necesario hablar para saber lo que pensamos, porque no hacen falta más que tus ojos y tu sonrisa para que me lo digas todo. Porque con una mirada, en una fracción de segundo me regalaste la eternidad sin darte cuenta, antes de que la timidez te bajara la cabeza.

domingo, 8 de noviembre de 2009

... Y MI DESTINO FUE EL SILENCIO

Para muchos he estado desaparecido. Para otros, escondido y, los más atrevidos creen que estoy muerto personal y profesionalmente. Siento decepcionarles. Ni estoy desaparecido, ni escondido, y mucho menos muerto. Me marché del mundanal ruido, simplemente eso. Me alejé de todo aquello que me rodeaba para poder verme más de cerca. Y lo conseguí estando a solas. Oyendo el sonido del silencio. Contestándole igualmente a cada pregunta cruel que me lanzaba y oyendo los consejos que me regalaba y que llevaban dentro de mí mucho tiempo. No ha sido un tiempo fácil, para qué mentir. Primero decidí quedarme con mi soledad. Después subí la cuesta de los episodios tristes de mi vida, aceptando culpas que me pertenecían en un acto de valentía que en nada se parece al hecho de delegarlas en los demás para autoengañarme. Reflexioné acerca de todos los momentos que me mordieron en el alma y que, al mismo tiempo, me hicieron crecer más fuerte. Esquivé las arenas movedizas del presente y fijé la vista en una meta clara que se divisaba en el horizonte cercano. Ahora tengo claro que no voy a dejarme matar antes de tiempo. No voy a caerme sin saber antes si volveré a levantarme. No voy a dejar que me hieran si no tengo claro que las heridas, por muy profundas que sean, serán leves con el paso del tiempo. No voy a gastar el tiempo en odios absurdos que no me ayudarán ni siquiera conmigo mismo. Voy a vivir. Y no me refiero al simple hecho de pasar los días e ir acumulándolos en el cajón de la vana experiencia. Lo dijo Rafael Amor: “Durar no es estar vivo, vivir es otra cosa”. Se acabaron las ocasiones perdidas.